Si hay algo que ya sabemos a esta altura del
partido es que las instituciones están demodé, que el mundo está patas para
arriba y que el ser humano a vivido equivocado por lo menos en los últimos veinte
siglos, pero hay ciertas cosas que desde que el mundo es mundo, no cambian ni
evolucionan.
Por ejemplo: Es imposible que una mina que
sale con un tipo casado – y cuando digo sale me refiero a estar “de novios” o
por lo menos todo lo de novio que se puede estar con un tipo que tiene señora e
hijos - no se ilusione.
Él puede ser absolutamente cuidadoso con
las palabras y no prometerle nunca nada de nada, pero si la chica no es una
mina para algo pasajero, indefectiblemente lo va a presionar para que se separe
y cuando no lo hago se lo va a reprochar por los siglos de los siglos amén.
Porque chicos, si una piba a una
determinada edad, no espera al príncipe azul estamos cagados. Una señorita en
edad de merecer quiere a alguien que esté dispuesto a endeudarse por 30 años
sacando un crédito hipotecario con ella. Espera a alguien con quien discutir la
conveniencia de ponerle a su hijo un nombre original, como Hermione o Frodo,
pero con alto riesgo de que lo carguen en el colegio, o de ponerle uno más simplón,
pero que le asegure que la criatura no va a ser destinataria de las crueldades
de los infantes compañeros de aula. Quiere a alguien que le enseñe a manejar y
le preste el auto, alguien que se atreve a comer lo que cocina, que le cocine
en ocasiones especiales, como el aniversario o su cumpleaños y que la lleve a
cenar afuera para que no cocine. En fin, un compañero de vida, alguien que
envejezca con ella.
Si la señorita en cuestión quiere algo
pasajero, solo sano esparcimiento y algún que otro regalo caro, pero nada más,
no hay ninguna diferencia con una mercader sexual que no besa en la boca ni se
enamora. Esta clase de amante, quiere que el interesado le ponga un departamento
amoblado, pague los gastos y le regale un autito, si la puede mantener mucho
mejor, pero no está nada mal si le consigue un buen laburito, y ella a cambio
lo espera a la hora que él puede escaparse de la casa, no manda mensajitos de
texto, no lo va a buscar al trabajo para ir a almorzar juntos. No controla ni
reclama. Es la amante ideal.
Pero el tema acá es que los hombres, en
general, sufren del complejo de macho alfa, en torno del cual gira la vida de
las hembras de la manada, entonces por más que no prometa nada con palabras, son las acciones
lo que definen la situación, y así es inevitable que la señorita se enamore
y se ilusione. Porque si el actúa como el novio de América, ella se va a creer
que lo son.
Sencillito.
Así que señores del mundo, si les gusta el
durazno se bancan la pelusa. Y si la cosa se pasa de castaño oscuro, a llorar al campito.


