viernes 20 de enero de 2012

Ella, vos y tu otra ella


Si hay algo que ya sabemos a esta altura del partido es que las instituciones están demodé, que el mundo está patas para arriba y que el ser humano a vivido equivocado por lo menos en los últimos veinte siglos, pero hay ciertas cosas que desde que el mundo es mundo, no cambian ni evolucionan.
Por ejemplo: Es imposible que una mina que sale con un tipo casado – y cuando digo sale me refiero a estar “de novios” o por lo menos todo lo de novio que se puede estar con un tipo que tiene señora e hijos - no se ilusione.
Él puede ser absolutamente cuidadoso con las palabras y no prometerle nunca nada de nada, pero si la chica no es una mina para algo pasajero, indefectiblemente lo va a presionar para que se separe y cuando no lo hago se lo va a reprochar por los siglos de los siglos amén.
Porque chicos, si una piba a una determinada edad, no espera al príncipe azul estamos cagados. Una señorita en edad de merecer quiere a alguien que esté dispuesto a endeudarse por 30 años sacando un crédito hipotecario con ella. Espera a alguien con quien discutir la conveniencia de ponerle a su hijo un nombre original, como Hermione o Frodo, pero con alto riesgo de que lo carguen en el colegio, o de ponerle uno más simplón, pero que le asegure que la criatura no va a ser destinataria de las crueldades de los infantes compañeros de aula. Quiere a alguien que le enseñe a manejar y le preste el auto, alguien que se atreve a comer lo que cocina, que le cocine en ocasiones especiales, como el aniversario o su cumpleaños y que la lleve a cenar afuera para que no cocine. En fin, un compañero de vida, alguien que envejezca con ella.
Si la señorita en cuestión quiere algo pasajero, solo sano esparcimiento y algún que otro regalo caro, pero nada más, no hay ninguna diferencia con una mercader sexual que no besa en la boca ni se enamora. Esta clase de amante, quiere que el interesado le ponga un departamento amoblado, pague los gastos y le regale un autito, si la puede mantener mucho mejor, pero no está nada mal si le consigue un buen laburito, y ella a cambio lo espera a la hora que él puede escaparse de la casa, no manda mensajitos de texto, no lo va a buscar al trabajo para ir a almorzar juntos. No controla ni reclama. Es la amante ideal.
Pero el tema acá es que los hombres, en general, sufren del complejo de macho alfa, en torno del cual gira la vida de las hembras de la manada, entonces por más que no prometa nada con palabras, son las acciones lo que definen la situación, y así es inevitable que la señorita se enamore y se ilusione. Porque si el actúa como el novio de América, ella se va a creer que lo son.
Sencillito.
Así que señores del mundo, si les gusta el durazno se bancan la pelusa. Y si la cosa se pasa de castaño oscuro, a llorar al campito.

lunes 9 de enero de 2012

Y comieron perdices

La mina que diga que no se quiere casar, miente. No conozca ninguna que, llegado el caso, le diga al amor de su vida que declina de pasar por el registro civil, porque "Así como estamos, estamos bien". No sé si por romanticismo, tradicionalismo o estupidez pero todas soñamos con ponernos el vestido blanco, bailar el vals  y tirar el ramo. 
Es que el feminismo nos metió en la cabeza que garpa mucho más hacerse la Mafalda, pero en el fondo somos Susanita. Y si bien estoy convencida que ninguna mujer necesita un marido para sentirse plena, no puedo negar que a todas nos encanta decir: "Mi marido tal cosa" "Mi marido tal otra". 
Y como sucede cuando vas a pedir un crédito, las mujeres que ponen todas sus energías en conseguir un marido tienen que demostrarle al novio y a toda la humanidad misma que no lo necesita.
Por lo general las féminas que están al acecho de un cónyuge suelen desplegar todas sus estrategias camaleonicas para que las victimas crean que son los seres más independientes que habitaron alguna vez el planeta tierra, y así, muy de a poquito ellos se relajan y ellas los enredan en sus telarañas. 
Pero como decía mi abuela, dios aprieta pero no ahorca, así que hay varios indicios, algunos hasta el borde del absurdo de lo obvio que son, para que escapes (en el caso de que quieras hacerlo) antes de que te encuentres firmando en el Registro Civil sin saber como cazzo fue que ocurrió.


- Cuando ven una peli donde se casan te agarra de la mano y te la aprieta fuerte

- Cuando van a un casamiento le pide el teléfono de la wedding planner a la novia

- Mira discovery home and health

- Se compra las revistas de novias, según ella para ver los vestidos de fiestas de la madrinas y saber lo que se usa en caso de tener que organizar alguna fiesta, como cumpleaños de 15 o Cena de Egresados

- Crea en su noteboock play list denominadas: Recepción, Cena y Carnaval Carioca

- Cada vez que escucha una canción lenta que estaba de moda cuando se conocieron, te la hace escuchar y te pregunta si consideras que esa es la canción de ustedes

- Cuando pasa por una casa de decoración, mira la vidriera y entra a preguntar si hacen listas de regalos. 

- No hace mas que decir que la Costa Azul es tan romántica que más que para ir de vacaciones hay que ir de Luna de Miel


- Se enloquece cuando los sobrinitos ya están grandes y no quieren saber nada con integrar un cortejo nupcial y hasta organiza un casting entre los hijitos de sus amigas.



jueves 15 de diciembre de 2011

Competencia desleal


Muy al contrario de lo que opinen los hombres, si las mujeres desconfiamos es por algo. Tenemos un sexto sentido cuando se trata de proteger a nuestro macho alfa, y nos damos cuenta cuando otra señorita pretende quitarnos a nuestro peor es nada.
El tema es que en infinidad de ocasiones –no siempre porque los hay muy piratas - los tipos no se dan cuenta que una mina les anda arrastrando el ala. Ellos se creen que “ella” es así, cándida y servicial con todo el mundo.
Y ahí es cuando nosotras metemos la pata hasta el fondo. Primero le estamos recalcando todo el tiempo que cada cosa que hace la muy turra es para llamarles la atención: “¿No ves que cuando te mira te hace ojitos y te sonrie?” “¿No te das cuenta que todo el tiempo te hace favores o te dá con todos los gustos?” “Detrás de esa cara de YoNoFuí esa mina anda buscando guerra”
E indefectiblemente lo avivamos. Si él, que es un caído del catre, no se había dado cuenta que la mosquita muerta lo provocaba, ya se dio por enterado y hasta prestó atención a todos los movimientos. Primer error nuestro.
Pero no contentas con haber avivado el zonzaje, empezamos a crear una verdadera contrincante cuando -en la mayoría de los casos- la mina es NiFuNiFa. No nos llega ni a la bosta de la suela de los zapatos. Es la nada misma. Es lo más común que viene en versión femenina. Pero tanto la criticamos, en el empeño que ponemos en que nuestro bien amado vea lo miserable y poca cosa que es, que la terminamos inflando. Y él termina defendiéndola de nosotras que la atacamos sin que ella –todavía- nos haya hecho nada. Terminamos transformándola en una víctima de nuestros celos injustificados. Y para colmo, al sanguango que duerme a nuestro lado, la mina le empieza a parecer la mismísima reencarnación de la Mata Hari. De repente le ve seductora y misteriosa, cuando en realidad la mina es un piojo resucitado, por nosotras mismas encima.
Somos unas boludas bárbaras. No me digan que no.
Por eso chicas, lo mejor que podemos hacer cuando detectamos que una mosquita muerta anda rondando a nuestro hombre, es ignorarla, no darle entidad como competencia. Si nos damos cuenta que él no se avivó es mejor no decir nada. Que él siga feliz en su ignorancia, creyendo que lo mejor que le pudo pasar en su vida es que una mina tan maravillosa como una los eligió como compañero de ruta.
Chicas, recuerden que los hombres son prácticos y por eso mismo son simples, no andan enroscándose la cabeza con especulaciones creadas por las miradas o comentarios de los demás cuando no hay nada firme. Si la señorita en cuestión no se le ofrece directamente, el no se va a dar cuenta de las intenciones de ella. Obviamente, partiendo de la base que a él no le interesa la mina, porque si la atracción es mutua ese es otro cantar, pero no es el tema que hoy nos convoca.
Queridas mías recuerden que si nosotras nos terminamos enredando en una maraña de inseguridad y celos injustificados, vamos a terminar pasando de protagonista de nuestra propia comedia romántica a contrafigura femenina de culebrón venezolano de bajo presupuesto.


sábado 3 de diciembre de 2011

Para el hambre no hay pan duro


Desde chiquito Serafín fue esquelético de flaco, por eso es que los chicos de la cuadra le decían “esqueletor”. Él se había acostumbrado, pero cada vez que llegaba el verano y con los chicos se iban al canal a remojarse un poco las patas, no podía evitar sentir un dejo de vergüenza por como se le notaba todo el costillar pegado a la piel de la panza.
Y como comía como lima nueva, en la casa no se preocupaban “Lo importante es que sea sanito, y enfermo que come no muere” decía la nona con toda su sabiduría a cuestas. El tema es que él estaba acomplejado. Así que cuando se hizo mayor fue por cuenta propia al médico, para ver si era normal que fuera tan pero tan tan flaquito “Sabe que pasa doctor, de alguna ropa me tengo que comprar talle para niños, y a mi los Power Ranger no me gustan vio” Le había dicho compungido al facultativo. El caso es que el médico de cabecera lo derivo con un gastroenterólogo y análisis más, análisis menos, este último dio con el quit de la cuestión: Serafín tenía la lombriz solitaria.
Con este diagnostico el Chango –como le decían los cumpas- se tranquilizó bastante, el médico le dijo que mientras no tenga problemas estomacales no hacía falta operar. Así que Serafín se dispuso a hacer su vida normal.
El asunto acá es que la que se despertó de su eterno sopor fue la Taenia Saginata que tenía este gurí en su intestino delgado. Para el hambre voraz que tenía esa criatura no había sueldo que alcance. Encima este parásito estaba cada vez más largo, ya medía 5 metros y contando
Entre el segundo trabajo que se tuvo que buscar para saciar la criatura que tenía en sus fauces y lo mucho que comía, Serafín cada vez estaba más flaco y para colmo de males anémico y con un síndrome de fatiga crónica. No tenía fuerzas para nada, cuando llegaba de trabajar se recostaba en siestas que duraban hasta el otro día, ni fuerza para levantarse a comer tenía. Este hecho degeneró en que la lombriz se pusiera más exigente que nunca, se movía cual gusano loco de Super Park dentro del intestino del pobre cristiano, provocando vómitos, gases y hasta convulsiones. Y la cosa empeoraba porque el Chango estaba cada vez más débil.
Así que a la taenía no le quedó otra, tuvo que salir del interior de Serafín para procurarse el pan nuestro de cada día. A pesar de los 10 metros que medía, y el hambre voraz que la impulsaba, la lombriz era bastante cobarde, así que solo salía cuando el muchacho dormía, aprovechando los ronquidos, y se devoraba la heladera y la alacena de la casa. Pero con el correr de las noches, la bicha se cebo y salió a inspeccionar los refrigeradores vecinos. Y cuando ya se había fagocitado todos, siguió por los de los almacenes y supermercados. En Pocito nadie entendía nada, y cómo será que empezaron a sospechar en la existencia de un chupa cabras que debido a la escasez de estas últimas, asaltaba las heladeras de la zona. Entonces en el pueblo se dispusieron montar un operativo de vigilancia, del cual, por supuesto, participó Serafín, que ya se sentía mucho mejor, porque gracias a las salidas nocturnas de la lombriz él podía descansar y alimentarse bien.
Ante tanta movida, la lombriz se asustó y no volvió a salir del intestino de Serafín. Pero a esta altura del partido lo que este chico comía no solo no la saciaba, sino que además no le gustaba. Se había vuelto exquisita la muy guacha. Así que una siesta no aguantó más y huyo del interior del Chango para siempre.
Mucho anduvo vagando, escondiéndose de los cazadores del chupa cabras y de los otros animales que la acechaban, pero el hambre mueve montañas y ella siguió y siguió hasta que llegó hasta las cercanías del Dique de Ullum. Ya famélica del hambre, vió a dos señores que entre pesca y porrones, se comían unos tremendos sándwich de milanesa “Esta es la mía” pensó, y se mandó en busca de su tesoro. Y por más que lo intentó, no pudo escabullir sus diez metros de largo, y uno de los tipos le picó el boleto. Más que nada por el hartazgo que tenía de no haber pescado nada, al ver la lombriz lo único que pudo pensar es que era la carnada ideal. Así que sin mediar palabra alguna y con un golpe más que certero, de un machetazo partió al medio a la taenia y la compartió con su compañero de pesca “Ya sé que acá se pesca con mosca y no con lumbrí, pero total no nos ve nadie y no vamos a llegar con los brazos vacíos pa´ las casas. Todavía la Marta no me va a creé que estuvimo pescando”