Pelotudez que anda dando vuelta sobre el amor, pelotudez que leo, antes me contentaba con poemas o novelitas de Corín Tellado, a medida que fui creciendo se me dio por las grandes novelas de amor, onda: “Cumbres Borrascosas” o “El amor en los tiempos de cólera”. Actualmente, mitad vicio de profesión, mitad que los años no vienen solos, se me ha dado por leer informes periodísticos sobre investigaciones científicas. Pero lo último que leí, me enajenó de la indignación, que quieren que les diga.
Escúchense esta, ahora parece ser que la culpa de la infidelidad de los hombres la va a tener un gen, el alelo 334 (Y que otro nombre le iban a poner), que gestiona la vasopresina, una hormona que se reproduce naturalmente con los orgasmos, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo (Esto si que es el colmo) Discúlpenme, pero es inevitable hacer esta clase de chistes estúpidos, al leer semejantes barrabasadas.
De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.
El análisis se llevó a cabo durante al menos cinco años con parejas heterosexuales -más de 1.000, de las cuales 550 eran gemelos- que confesaron en test psicológicos si se sentían felices, cómo era su convivencia, si se reían o besaban mucho y sobre el futuro de su relación.
Imaginate esta situación: llegás a tu casa, cansadísima después de haber laburado todo el día como una mula de carga, pensando en que tenés que ir a cocinar, limpiar la casa, poner el lavarropas, bañarte y producirte cual gatúbela para que tu bienamado no busque fuera de casa lo que no encuentra dentro de ella. Y te lo encontrás a él, revolcándose lujuriosamente con un “gatopardo” en TU lecho nupcial. Mitad paralizada por la sorpresa, mitad porque estas tan cansada que no tenés fuerza para agarrar el perchero y partirselo en el lomo, y él muy suelto de cuerpo te escupe un: “No lo pude evitar mi amor, es que tengo el alelo 334. No es que no te quiera o no sea feliz con vos”. Yo ahí mismo saco fuerzas de donde no tengo, y después de cagarlos a percherazos a los dos, los echo a la cochina calle, en pelotas, y les revoleo la ropa por el balcón (Siempre quise hacer eso, necesito casa o depto de dos pisos con balcón a la calle), gritándole: “Hijo de una manada de p…, que alelo ni que ocho cuartos. Explica eso en el Juzgado la recon…. de tu santa madre, esa vieja arpía que en esto no tiene nada que ver, pero siempre te lo quise decir. Y más vale que ni se te ocurra caer con un estudio genético, porque te juro que te cocino en puchero. Así que raja inmediatamente porque no quiero que las viejas chusmas de las vecinas hablen una semana seguida de mi, en la verdulería” Y luego de semejante monologo reparador, cierro el balcón triunfante.
Obvio que después me revuelco en el piso (porque en la cama ni en pedo) a llorar cual magdalena por la traición de este sátrapa, luego me agarrará la angustia oral consecuente y así, pero bueno esa es otra historia.
Lo bueno fue que en el resultado de la investigación, las esposas de los hombres con el alelo 334, reconocieron que se sentían menos satisfechas con sus cónyuges que las que se casaron con hombres sin esta variante genética. Ósea que son más mujeriegos, pero menos cumplidores. Así que no sé hasta que punto los señores con un ego colosal se van a animar a esgrimir como defensa a su infidelidad la existencia del alelo 334 en su organismo, ya que eso implicaría reconocer que son malos amantes.
¿Vieron? Dios aprieta pero no ahorca.
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Fuente
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Escúchense esta, ahora parece ser que la culpa de la infidelidad de los hombres la va a tener un gen, el alelo 334 (Y que otro nombre le iban a poner), que gestiona la vasopresina, una hormona que se reproduce naturalmente con los orgasmos, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo (Esto si que es el colmo) Discúlpenme, pero es inevitable hacer esta clase de chistes estúpidos, al leer semejantes barrabasadas.
De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.
El análisis se llevó a cabo durante al menos cinco años con parejas heterosexuales -más de 1.000, de las cuales 550 eran gemelos- que confesaron en test psicológicos si se sentían felices, cómo era su convivencia, si se reían o besaban mucho y sobre el futuro de su relación.
Imaginate esta situación: llegás a tu casa, cansadísima después de haber laburado todo el día como una mula de carga, pensando en que tenés que ir a cocinar, limpiar la casa, poner el lavarropas, bañarte y producirte cual gatúbela para que tu bienamado no busque fuera de casa lo que no encuentra dentro de ella. Y te lo encontrás a él, revolcándose lujuriosamente con un “gatopardo” en TU lecho nupcial. Mitad paralizada por la sorpresa, mitad porque estas tan cansada que no tenés fuerza para agarrar el perchero y partirselo en el lomo, y él muy suelto de cuerpo te escupe un: “No lo pude evitar mi amor, es que tengo el alelo 334. No es que no te quiera o no sea feliz con vos”. Yo ahí mismo saco fuerzas de donde no tengo, y después de cagarlos a percherazos a los dos, los echo a la cochina calle, en pelotas, y les revoleo la ropa por el balcón (Siempre quise hacer eso, necesito casa o depto de dos pisos con balcón a la calle), gritándole: “Hijo de una manada de p…, que alelo ni que ocho cuartos. Explica eso en el Juzgado la recon…. de tu santa madre, esa vieja arpía que en esto no tiene nada que ver, pero siempre te lo quise decir. Y más vale que ni se te ocurra caer con un estudio genético, porque te juro que te cocino en puchero. Así que raja inmediatamente porque no quiero que las viejas chusmas de las vecinas hablen una semana seguida de mi, en la verdulería” Y luego de semejante monologo reparador, cierro el balcón triunfante.
Obvio que después me revuelco en el piso (porque en la cama ni en pedo) a llorar cual magdalena por la traición de este sátrapa, luego me agarrará la angustia oral consecuente y así, pero bueno esa es otra historia.
Lo bueno fue que en el resultado de la investigación, las esposas de los hombres con el alelo 334, reconocieron que se sentían menos satisfechas con sus cónyuges que las que se casaron con hombres sin esta variante genética. Ósea que son más mujeriegos, pero menos cumplidores. Así que no sé hasta que punto los señores con un ego colosal se van a animar a esgrimir como defensa a su infidelidad la existencia del alelo 334 en su organismo, ya que eso implicaría reconocer que son malos amantes.
¿Vieron? Dios aprieta pero no ahorca.
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