
¡Qué masoquistas podemos a llegar a ser las minas!
En ese afán que tenemos de querer saber la verdad, para poder elegir que queremos hacer con esa verdad que sabemos, somos capaces de los actos más atroces que han existido desde el comienzo de los tiempos.
Acciones que obviamente para lo único que sirven es para torturarnos, porque si estamos seguras que nuestra media naranja nos está mintiendo, me querés decir ¿Para qué escarbamos en los rincones más oscuros en vez de plantearles nuestras dudas y ponernos de acuerdo de una manera sana y madura?
Pero lo más paradojico de este asunto es que buscamos la verdad, apoyandonos en la mentira misma.
Estamos constantemente intentando descubrir algún secreto oscuro de nuestro amado. Lo peor de todo acá es que si no descubrimos nada ni tenemos motivos para desconfiar, seguimos buscando y poniendo trampas para que caigan, no vaya a ser cosa que…
Encima de todo, como no aparece nada, nos torturamos pensando que somos las más hijas de sus buenas madres que existen, porque desconfiamos de él que es divino, pero eso no sirve para dejar de espiarlos ni de mentirles. Con nuestra mejor cara de inocente palomita, les seguimos leyendo el buzón de mensajes de texto y la casilla de correo. He conocido casos de señoritas que teniendo un contacto en la empresa de celular del novio, se han conseguido un excalibur de las comunicaciones del amado, pasando por una tortura atroz hasta conocer el resultado negativo que arrojó este procedimiento, pero si le preguntás lo volverían a hacer.
Sin embargo las peores son esas minas que SI descubren oscuros secretos de sus amados, y a pesar de todo no los encaran ni los abandonan, sino que siguen a su lado, aunque adoptando una actitud superada que no se las creen ni ellas mismas, porque bien sabemos que sostienen esa situación porque tienen la vana ilusión que un buen día él se de cuenta que ella es la mujer de su vida y que no la quiere perder, y se convierta en el hombre del que ella se enamoró (hombre que nunca fué y que ella se inventó para poder estar con él, la madre de todas las mentiras).
Pero el quid de la cuestión es que aunque eso un buen día suceda, no es que aquí no ha pasado nada, porque primero que nada debe seguir inventando mentiras para sostener la primera de ellas, y segundo pero no menos importante, porque ella nunca va a confiar en él, entonces se encierra en un círculo vicioso de sufrimiento, falsedad y persecución, que como todo círculo de estas características, nunca la conduce a ningún lado.
Estas últimas son capaces hasta de hacerse amigas de la tercera en discordia, sin revelar que saben "la verdad" y solo con el objetivo de llenarles la cabeza para que sean estas las que dejen al tipo. Lo peor acá es cuando "la otra" no le cuelga la galleta y se arma la "tole - tole", pero como "la descubridora del secreto" negó todo desde el principio, no puede revelar lo que sabe porque queda encerrada en su propia patraña.
Me pregunto: ¿Para qué mierda queremos saber la verdad si no vamos a hacer nada al respecto?







